lunes, 16 de febrero de 2015

Martes de la primera semana de Cuaresma.

Martes de la primera semana de Cuaresma. Mateo 6,7-15 "Ustedes oren de esa manera..." Fue deseo de Jesús el dejarnos el modelo de nuestra oración,

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Martes de la primera semana de Cuaresma.

Mateo 6,7-15

"Ustedes oren de esa manera..."

Fue deseo de Jesús el dejarnos el modelo de nuestra oración, de suerte que para dirigirnos a Dios ya no debemos buscar o inventar términos, no frases, imágenes o ideas.

Él mismo nos enseña a decir:

"Padre nuestro": no precisamente mío o tuyo, sino de todos. De Cristo en primer lugar y de todos los hombres, que somos hijos de Dios por Cristo y en Cristo.

Llamar a Dios Padre ya no es para nosotros una osadía, un atrevimiento; es el más bien la expresión de los sentimientos filiales que hacia Él sentimos y esta postura filial nos la ha ensenado el mismo Jesús.

El Padrenuestro es la oración cristiana por excelencia, es la más intima resonancia de la paternidad de Dios en el fondo de nuestro corazón.

"Que estás en el cielo": es nuestro Padre común está en el cielo, es decir, en todas partes, pues donde está Dios, está el cielo; está en nuestra vida con todas sus alternativas, de suerte que nada nos puede suceder sin que estemos protegidos por el Padre, sostenidos por el Padre, amados por el Padre.

"Santificado sea tu Nombre": es la revelación definitiva de Dios a los hombres; pero esa revelación hará que todos los hombres reconozcamos a Dios y le ofrezcamos el amor de nuestro corazón.

"Venga a nosotros tu Reino": el Reino de Dios que pedimos es el Reino que vino a instaurar Jesús que es Reino de justicia, de verdad, de amor y de paz y esto es lo que pedimos en el Padrenuestro, al pedir que venga a nosotros su Reino.

"Hágase tu voluntad": la voluntad de Dios es la que justifica, la que ordena las cosas, la que santifica al hombre; porque el hombre será tanto más santo, cuanto más fiel se muestre a la voluntad del Padre.

"Danos hoy nuestro pan de cada día": con el nombre de pan se entiende todo lo necesario para la subsistencia; con ello pedimos a Dios el sustento indispensable y todo aquello que en el orden material necesitamos para poder llevar una vida dolorosa y humana.

Y no estará de mal al recordar que los Santos Padres de la Iglesia han aplicado esta petición al alimento de la fe, al Pan de la Palabra de Dios y el Pan Eucarístico.

"Perdónanos nuestras ofensas" nuestros pecados, todo cuanto hemos podido ofender a Él directamente, o a Él en nuestros hermanos. Y para inclinar más la voluntad de Dios nuestro perdón, añadimos:

"Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" es la cláusula o condición que nosotros mismos ponemos, para conseguir nuestro perdón.

"Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" es la cláusula o condición que nosotros mismos ponemos, para conseguir el perdón nuestro perdón.

"No nos dejes caer en la tentación": no pedimos no tener tentaciones, que a veces podrán resultar convenientes o aun necesarias, sino que no caigamos en ellas.

"Y líbranos del mal": aparta de nosotros cuanto nos pueda inducir al mal, no permitas que nos alcancen las sugestiones del mal.

Vivencia:

Cuando rezas, ¿tienes la impresión de que estás hablando con Dios? ¿Y que es un hijo el que habla con su Padre? ¿Estás convencido de que ese es tu Padre-Dios te escucha con amor paternal y en todo quiere tu bien?

No puedes encontrarte en ninguna circunstancia para la que no te venga bien el rezo del Padrenuestro.

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

Los libros de esta colección puedes comprarlos haciendo click aquí:
www.editorialclaretiana.com.ar

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domingo, 15 de febrero de 2015

Lunes de la sexta semana.

Lunes de la sexta semana. Marcos 8,11-13 "¿Por qué esta generación pide un signo?" Los fariseos discutían con el Señor; ya podemos imaginar que el

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Lunes de la sexta semana.

Marcos 8,11-13

"¿Por qué esta generación pide un signo?"

Los fariseos discutían con el Señor; ya podemos imaginar que el Señor sabría exponer maravillosamente su mensaje y que su palabra era clave, profunda y convincente; sin embargo, los fariseos no lo aceptaron.

Es que el Señor no se le puede aceptar con la mente, si antes no se le ha abierto el corazón...la fe no es tanto cuestión de conocimiento cuando de entrega; no tanto luz de clarividencia, sino más bien generosa aceptación.

Los judíos no quedaron convencido; por eso pedían el signo que los movieran; no era suficiente la palabra que les entraba por los oídos, y exigían el signo que les entrara por los ojos.

Si estamos congregados a la predicación de la Palabra de Dios, también lo estamos a dar testimonio por la santidad de nuestra vida. "La evangelización, es decir, el anuncio de Jesucristo, pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra", nos dice el Concilio.

A los laicos les advierte que "todos los cristianos están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra del hombre de que se revistieron por el bautismo."

A los sacerdotes también les recuerda el Concilio: "Están obligados a dar todos el testimonio de verdad y de vida...."

Y a los religiosos les dice: "Los religiosos, en virtud de su estado, promocionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado, ni ofrecido a Dios, sin el espíritu de las bienaventuranzas..."

Los judíos pedían un "signo"... El mundo de hoy también están pidiendo al cristiano, al sacerdote, al religioso, que sean un verdadero signo sacramental de Jesucristo.

Preguntemos, pues, a nuestra propia conciencia: ¿soy verdadero signo de Cristo? El hombre de hoy ¿puede ver en mí a Cristo? En mi vida privada, en mi actuación publica o profesional, ¿transparento al Señor?

"Jesús dio un profundo suspiro."

Lo dio, porque aquella generación reclamaba un signo, cuando en realidad tenían delante de sí, no al signo, sino a la realidad signada.

Podríamos cuestionarnos si ahora el Señor Jesús no estará también dando un gemido penoso, porque nosotros, los consagrados a Él, lo comprometidos con Él, los llamados a la construcción de su Reino, no damos al mundo que nos rodea el signo de los que somos, de lo que debemos ser.

Si el mundo es ateo, no es porque rechace a Dios en sí, sino porque rechaza la falsa imagen de Dios que nosotros le presentamos, imagen que no puede menos de rechazar, por ser falsa, y como tal, no convincente para nadie.

Vivencia:

Pediremos hoy perdón al Señor por nuestra falta de autenticidad: ni somos los que parecemos, ni parecemos los que debiéramos ser; ni los parecemos a Cristo, ni somos como Cristo.

Viviéramos todo el día en una constante actitud de cuestionamiento personal, vocacional....; veamos si quizás debamos cuestionarnos, si verdaderamente, o a nivel de grupo, o comunidad de fraterna vida evangélica.....

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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sábado, 14 de febrero de 2015

DOMINGO 15 DE FEBRERO DE 2015. SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO.

DOMINGO 15 DE FEBRERO DE 2015. SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO. Autor: P. Juan Manuel Toro Vallejo. Fuente: www.mensajespanyvida.org SEPAN QUE EL REINO

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DOMINGO 15 DE FEBRERO DE 2015. SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Autor: P. Juan Manuel Toro Vallejo.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

SEPAN QUE EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA

PRIMERA LECTURA

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "¡Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

SEGUNDA LECTURA

Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

EVANGELIO

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

EL ENCUENTRO DE DOS QUERERES

Hoy encontramos en el Evangelio que nos propone la Liturgia de la Palabra, la sanación de un leproso, que ocurre en virtud del encuentro de dos quereres: el enfermo que "QUIERE" ser sanado por el Señor, y el Señor que "QUIERE" sanar al enfermo; el encuentro de un enfermo que expresa su querer "suplicando de rodillas" y el querer de un Dios que por encima de la estructura y rigidez de la ley, rompe el paradigma y "TOCA" al enfermo, recreándolo con su Palabra.

Con el querer de Dios para sanar al hombre de su enfermedad física, pero principalmente del pecado, que es la lepra del alma, podemos contar con toda seguridad, pero ¿qué tanto el hombre si quiere ser sanado de sus dolencias? Dios quiere sanarnos, pero ¿nosotros si queremos y buscamos la sanación de Dios? Miremos que a veces ni siquiera nos sentimos enfermos, no somos conscientes de nuestra propia lepra y nuestro cáncer espiritual, como enfermedad silenciosa, va destruyendo la vida espiritual que Dios puso en nosotros.

La primera lectura, en la que se refleja la aparente dureza de la ley frente a los infectados de lepra, sugiriéndose incluso como una cantidad de normas que expresan una falta de misericordia, en realidad están revelando las consecuencias funesta del pecado, que con todo, es la más grave lepra del hombre. El pecado nos hace impuros, nos arrebata la dignidad, nos aísla de los demás y nos excluye de la comunidad.

Jesús, movido por su compasión rompe con las estructuras de la ley y se adelanta para TOCAR al leproso, cosa que prohibía la ley. Increíble. Cuántas veces nosotros, frente al pecador, en lugar de entrar en contacto con él para sanarlo en el Señor, más bien lo excluimos, lo condenamos precisamente por ser pecador, lo rehuimos, lo apartamos.

Señor, que podamos descubrir nuestra lepra y que tengamos la humildad suficiente para buscar tu salvación.

Un abrazo
P. Juan Manuel Toro Vallejo

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