miércoles, 3 de agosto de 2016

EL PADRE.

El Padre. Mi primer libro. Un libro pasar sanar las heridas de la ausencia de un Padre. Comprarlo en formato PDF:

miércoles, 20 de julio de 2016

Miércoles de la decimosexta semana

Miércoles de la decimosexta semana. Mateo 13,1-9 "Otras semillas cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras semillas, otras treinta."

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Miércoles de la decimosexta semana.

Mateo 13,1-9

"Otras semillas cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras semillas, otras treinta."

En las parábolas se enseña alguna verdad de orden sobrenatural. En toda parábola hay una imagen material y una enseñanza espiritual, fundada en alguna semejanza que se encuentra entre una y otra. Con frecuencia algunos detalles meramente descriptivos, que se hallan en la imagen o relato, son elementos literarios sin mayor significación para la enseñanza fundamental que se pretende exponer.

Como la gente sencilla conocía bien las tareas del campo, las empleaba Jesús como comparaciones, para hacer más fácilmente intangibles las verdades espirituales.

En esta parábola del sembrador dice Jesús que parte de la semilla echada a voleo sobre el campo fue comida por los pájaros.. Como aclara Jesús que la semilla es la Palabra de Dios, debemos pensar que en algunos cristianos en cuyos corazones cae la semilla de la Palabra Divina, no llega a echar raíces, porque los pájaros de las preocupaciones materiales no dejan al cristiano el reposo suficiente para poder meditar.

Otras semillas fueron pisadas por los caminantes... Cuando el humano corazón hay mucho ir y venir por cosas que distraen, la Palabra de Dios nos halla el ambiente que requiere para su fecundación.

La tierra rocosa impide que la semilla puede echar fuertes raíces y termina por ser quemada por el ardor del sol. Los cardos y los espinos, que en Palestina alcanzaban la altura de cerca de un metro, ahogan también la semilla que cae cerca de ellos; la Palabra de Dios queda ahogada por los cardos y espinos de las pasiones humanas; es preciso tener el alma por encima de las tensiones pasionales, a fin de que pueda ser fecundada y eficiente.

Pero luego la semilla que cayó en tierra fértil y libre de impedimentos, dio fruto en mayor o menor abundancia, según la preparación del terreno.

Es decir que con esta parábola pretende el Señor describir la diferente actitud y disposición que se puede tener ante su mensaje, esto es, la diversidad de los efectos de la Palabra de Dios, según las distintas disposiciones con que se la recibe.

La suerte de los granos de trigo que caen de las manos del sembrador es muy diversa, según el sitio donde cayeron; y la eficacia de la Palabra de Dios, que cae nuestros corazones, dependerá de cómo sea aceptada por nosotros. Por más que la Palabra de Dios o la palabra de los hermanos llegue hasta nosotros cargado de sentido y espiritualidad, si nosotros nos aserramos con la coraza de la susceptibilidad, de la soberbia enervante, que nos hace descubrir todo lo malo y negativo y cerrar los ojos a todo lo bueno y positivo, nada seguirá en nosotros la misma Palabra de Dios aunque sea el mismo Jesús quien nos la diga.

Es preciso preparar el terreno, abrir nuestro surco, para que Él pueda sembrar su Palabra y luego es preciso presentar un espíritu sensible a esa Palabra.

"El que tenga oídos, que oiga"

Es la sería advertencia con que termina el Señor la explicación de su parábola.

Es una especie de invitación, ya que para la reflexión personal, ya para acudir al mismo Maestro en demanda de aclaración y profundización de su enseñanza.

Quizás también a cada uno de nosotros nos diga Jesús en este momento lo mismo que le dijo entonces a los que lo enfrentaban: "El que tenga oídos.... el que tenga buena voluntad de oír, el que esté dispuesto no tanto a juzgar, cuando a recibir lo que Dios quiere ofrecerle, el que tenga la suficiente limpieza de corazón como para merecer que el Espíritu de Dios lo ilumine, ése entenderá la Palabra de Dios.

Vivencia.

Síguese en toda lógica la necesidad que tenemos de purificar nuestra conciencia, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros deseos, a fin de que no impidan la obra de la gracia en nosotros. No terminemos esta reflexión sin decirle al Señor en nuestra intimidad: "Señor, purifícame y haz que tu Palabra penetre mi espíritu y lo santifique."

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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martes, 19 de julio de 2016

Martes de la decimosexta semana

Martes de la decimosexta semana. Mateo 12, 46-50 "Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana, y mi

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Martes de la decimosexta semana.

Mateo 12, 46-50

"Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana, y mi madre."

No es que aquí se hable de los "hermanos" de Jesús, como hijos de Maria; sabemos que eso no fue así, que Maria fue virgen antes, en después del parto; esa es una de las creencias que la Iglesia ha conservado más celosamente y nosotros no podemos menos de gozarnos por esta prerrogativa de nuestra Madre Celestial, que como estaba destinada a ser Madre de todos, no quiso que fuera Madre de nadie en particular, sino de Jesús, que es el que nos da vida y el que nos aúna con los nuevos lazos de gracia.

Se refiere el Evangelio a los parientes próximos de Jesús, por ejemplo primos, que en hebreo y arameo se llamaban también hermanos; ya que en esas lenguas no había otro termino para especificar el grado de parentesco.

No es que Jesús reniegue ni de su Madre, ni de sus parientes, sino que quiere aprovechar la oportunidad que se le ofrece, de insistir en que su misión era, antes que nada, cumplir con la voluntad de su Padre Celestial, y de que nosotros, los seguidores de Él, debemos igualmente tener esa misma preocupación.

Así el Señor inaugura una nueva familia, "su familia eclesial" en que los lazos del parentesco carnal quedan pospuestos a los del parentesco espiritual; por eso Jesús, extendiendo los brazos hacia los discípulos, exclamó: "Estos son mis hermanos mi madre.........", palabras que canonizan la costumbre cristiana a vivir intensamente la cristiana fraternidad,

Los que formamos una comunidad, o un grupo de cristianos, estamos unidos por los lazos de parentesco espiritual, más estimables y en ocasiones más estables aun que los propios lazos del parentesco carnal.

Jesús habla de la gran familia cristiana, unida entre sí por el amor al Padre y por el cumplimiento de su divina voluntad; nos quiere convencer de que todos debemos tenernos como hermanos, tratarnos y amarnos como hermanos.

Para tranquilidad de los que sienten en lo más hondo de su ser el amor a Maria Santísima, no debe molestarnos la afirmación que hace el Señor en estas palabras, ya que si el que cumple la voluntad del Padre Celestial es verdaderamente su hermano, hermana y su madre, nadie tan Madre como Maria, ya que nadie como Ella fue fidelísima "esclava del Señor", nadie como Ella le dijo al Señor, no solamente en el momento de la Encarnación, sino en cada momento de su vida: :Hágase en mí, según tu palabra", cúmplase en mí tu voluntad.

Vivencia.

Tú formas parte de la familia de Dios; esta realidad urge dos cosas: Respecto a Dios, has de estar siempre dispuesto a la lectura y meditación de la palabra de Dios, a fin de poder llegar a vivirla en toda la plenitud. Respecto de sus hermanos, procurarás vivir la fraternidad a nivel externo, dándolo a conocer por tus palabras, por tus actitudes, por tus reacciones, por tus sentimientos, por tu conducta.

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19 de Julio. Elías, Profeta..

19 de Julio. Elías, Profeta. Fuente: www.churchforum.org Elías, Profeta. Año 850 a. de J.C. Elías significa: "Mi Dios es Yahvé". (El = Dios. IA = Ya

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19 de Julio. Elías, Profeta.

Fuente: www.churchforum.org

Elías, Profeta. Año 850 a. de J.C. Elías significa: "Mi Dios es Yahvé". (El = Dios. IA = Yahvé).

En contraposición a un montón de falsas divinidades que el pueblo ignorantemente estaba adorando, suscitó Dios a un gran profeta para que recordara a su pueblo que sólo hay un Dios y que ese Dios es Yahvé (Este es el nombre que Dios se dio a sí mismo cuando Moisés le preguntó: ¿Cuál es tu nombre?". Y el Señor le respondió "Mi nombre es Yahvé, que significa: Soy el que soy. Yo hice a todos, y a mí nadie me hizo"(Exodo 3,14). Ese fue pues el oficio de Elías: tratar de convencer a los israelitas de que sólo hay un Dios y que ese Dios es Yahvé, el Creador de cielos y tierra.

La historia del profeta Elías está en la S. Biblia en el Libro Primero de los Reyes capítulos 17 al 21, y en el segundo Libro de los Reyes, capítulos 1 y 2. Ojalá la leamos en nuestra Biblia. Es la siguiente:

Reinaba en Israel Acab, un hombre de débil voluntad que se dejaba dominar por su esposa Jezabel, que era pagana y extranjera y deseaba imponer entre el pueblo la religión de los falsos dioses. Esta mujer perversa hizo asesinar a los profetas y sacerdotes del Dios verdadero, de los cuales solamente se salvaron de la muerte unos cien a quienes escondió en cavernas Abdias, el mayordomo del rey, y los alimentó durante la época de máximo peligro. Elías se libró de la muerte huyendo a su tierra natal, al otro lado del Jordán, y yéndose después a una ciudad fenicia, llamada Sarepta.

Pero cuando parecía que ya Jezabel iba a lograr destruir por completo la verdadera religión en Israel, entra en escena el gran campeón del a religiosidad, Elías, y empieza el combate total entre las fuerzas del bien y las del mal.

Elías aparece de repetne en pleno reinado de Acab, para anunciar, que como un castigo por haber abandonado la verdadera religión, vendrá sobre la nación un verano de tres años seguidos. Y en efecto deja de llover durante 36 meses y el hambre y la sed hacen estragos.

Por orden de Dios, Elías se retira a vivir a una cueva junto a una fuente de agua. Allá los cuervos le llevan pan por la mañana y carne por la tarde, El profeta viste pobremente: una tosca piel de camello y una correa (así vestirá más tarde Juan Bautista). Cuando la fuente de agua se secó, Dios le ordenó que se fuera a vivir a una ciudad extranjera, llamada Sarepta.

Al llegar a Sarepta se encuentra con una viuda que está recogiendo leña para cocinar. Él le dice: "por favor: tráigame un poco de agua y un pan". Ella le respondió: No tengo sino un poquitito de harina y una migaja de aceite. Voy a hacer un pan para mi hijo y yo, y después nos moriremos de hambre".

Elías le dijo: "Haga un pan para mí, y ya verá que la harina no se le acabará en su artesa, ni el aceite en su vasija, hasta el día en que vuelva a llover sobre la tierra". La mujer hizo lo que el profeta le mandaba, y sucedió como le había anunciado: ni la harina se acabó en su artesa, ni el aceite se disminuyó en su vasija, durante todos esos meses de escasez. Y así pudo alimentar a su hijo y al profeta.

El primer caso de un resucitado, que se narra en la S. Biblia, sucedió en tiempos del profeta Elías. El hijo de la viuda que lo hospedaba se enfermó gravemente y se murió. La pobre mujer desconsolada le reclamó al profeta el por qué le tenía que suceder a ella tan grande desgracia. Elías se dedicó a rezar con toda fe junto al cadáver del niño y Dios resucitó al muerto. La madre del jovencito, al ver a su hijo vivo otra vez, exclamó: "Ahora sé que eres un hombre de Dios y que en verdad Yahvé habla por tus labios".

Elías hizo que el rey Acab reuniera a todo el pueblo de Israel, junto al Monte Carmelo y también a los 450 profetas del falso dios Baal. Y estando todos allí reunidos les hizo este desafío: "Vamos a poner dos altares. En el uno estarán los sacerdotes de Baal. Y en el otro estaré yo en nombre de Yahvé. Y ellos invocarán a Baal para que envíe fuego del cielo y queme sus ofrendas. Y yo invocaré a Yahvé. Y el que responda, ese es el verdadero Dios. Y descendió fuego del cielo y consumió todo el sacrificio que él había colocado en el altar (y eso que el profeta había hecho inundar con mucha agua todos los alrededores de su altar, para que no fuera fácil allí quemar nada). El pueblo emocionado ante este milagro, acabó con todos los sacerdotes del falso dios Baal.

Cuando la malvada reina Jezabel supo que habían acabado con los sacerdotes de su falso dios Baal, dio orden a la policía de que asesinara a Elías. Y este tuvo que salir huyendo por el desierto, para salvar la vida. Y le sucedió que entonces tuvo una gran depresión de ánimo y deseó morirse. Pero Dios le envió un ángel que le trajo un pan y una jarra de agua, y con este alimento tuvo fuerzas para andar 40 días por el desierto hasta llegar al Monte Horeb o Sinaí y esconderse allí.

Y estando allí en el Monte Santo sintió que Dios se le iba a aparecer. Y llegó un violento huracán, pero allí no iba Dios. Y sucedió un espantoso terremoto, pero ahí no estaba Dios. Y vino un fuego devorador, y allí tampoco llegaba Dios. En seguida sintió una suave brisa, y ahí sí venía Dios. Y el Señor mandó a Elías que volviera otra vez a Israel y que consagrara a Eliseo como su sucesor, y a Jehú como nuevo rey. Y desde aquella aparición, aprendió el gran profeta a no ser violento (como el huracán) ni duro (como el terremoto) ni asustador (como el fuego) sino suave y amable (como la brisa).

El rey Acab deseaba conseguir una finca que le agradaba, pero Nabot, su dueño, no se la quería vender porque era la herencia muy amada de sus padres. Entonces la reina Jezabel hizo asesinar a Nabot y el rey se apoderó de la finca. Elías se presentó y le anunció que por haber cometido semejante crimen, todos los hijos varones del rey Acab serían asesinados, y que a Jezabel se la comerían los perros.

Ajab se asustó mucho y empezó a hacer penitencia. Entonces Dios le avisó a Elías que por esas demostraciones de arrepentimiento, los castigos no llegarían sino cuando el rey ya se hubiera muerto. Y así sucedió. Muerto Ajab, fue nombrado rey un general llamado Jehú el cual hizo asesinar a todos los hijos del difunto rey, y mandó echar desde un balcón hasta el piso de la calle a Jezabel, y allí la devoraron los perros.

El profeta nombró como su sucesor a Eliseo y fue avisado por Dios de que iba a ser llevado al cielo. En compañía de Eliseo llegó al río Jordán y lo tocó con su manto, y el río se abrió en dos y pasaron al otro lado sin mojarse los pies.

Eliseo le pidió como último favor: "Que me pase a mí lo más importante de tu espíritu" (de tus poderes y de tus cualidades). Elías le dijo: "Si me ves cuando suba al cielo se te concederá lo que has pedido".

Y llegó un carro de fuego y se llevó a Elías al cielo. Eliseo lo vio mientras subía por las nubes, y se le transmitieron a él las cualidades y los poderes de Elías, y empezó a hacer milagros.

Señor Dios: síguenos enviando muchos profetas que, como Elías, anuncien tus mensajes y luchen valientemente contra el pecado y las falsas enseñanzas de los enemigos de la religión.

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