jueves, 13 de agosto de 2015

Jueves de la vigésima semana

Jueves de la vigésima semana. Mateo 22,1-14 "Envió a sus servidores para avisar a los invitados a la boda, pero se negaron a ir." Esta parábola, el

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Jueves de la vigésima semana.

Mateo 22,1-14

"Envió a sus servidores para avisar a los invitados a la boda, pero se negaron a ir."

Esta parábola, el Rey es Dios y el banquete de bodas es la felicidad mesiánica, ya que el Hijo del Rey es el Mesías; los enviados son profetas y los apóstoles; los invitados que hacen caso omiso de ellos o los ultrajaban son los judíos.

Los servidores de Dios enviados a los hombres fueron en primer lugar los profetas y luego los apóstoles enviados ya en misión por Jesucristo. De los invitados al banquete, algunos por un excesivo apego a los bienes materiales fueron impedidos de acudir a la invitación de Dios; éstos se hicieron indignos del Reino por preferir sus tierras, sus negocios, sus comodidades al Reino de los cielos.

La invitación que luego se hace extensiva a todos los que viven en la vencida o pasan los caminos, significa la vocación de los gentiles; también ellos han sido invitados al Reino, pero también ellos deberán entrar en el Reino con las debidas disposiciones de espíritu.

Los que son llamados de los caminos son los paganos y pecadores; el hombre que responde a la invitación ha de llevar vestido de bodas, que es el vestido de la gracia santificante o las obras de justicia que deben acompañar a la fe.

El tema del festín nupcial no es nuevo; el glorioso futuro prometido por Dios fue comparado en el Antiguo Testamento con frecuencia a un festín, como también se habla de las bodas de Dios como su Pueblo.

Así con esta parábola se ilustra la insistente llamada de Dios a Israel y su reprobación posterior y la salvación universal ofrecidas por Jesucristo; es verdad que el pueblo judío fue el primer invitado, porque Dios es fiel a su Promesa; pero tras el rechazo de Israel. Dios invita a los pecadores a su Reino y éstos se apoderan del Reno de Dios.

No basta entrar en el banquete para pertenecer de la Eucaristía y el de su intimidad con las gracias y consuelos espirituales, que Él da a aquellos que lo acepten, responden a su llamado y se le entregan incondicionalmente y sin reservas.

Pero éstos son pocos, porque los invitados están preocupados por cien y mil problemas y deseos que acaparan su atención y les polarizan todos sus esfuerzos y por eso no acaban de decidirse a renunciar a todo aquello que les impide la intimidad con el Señor, la vida de espiritualidad intensa y profunda.

"Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos."

La parábola de los invitados a las bodas presenta a Dios haciendo todos sus esfuerzos para llenar de invitados la fiesta escatológica; la invitación a los que pasan por los caminos incluye sin distinción a los buenos y a los malos: todos son llamados, todos están destinados al Reino; los buenos responderán a ese llamado, no desoyendo la invitación, como hicieron los primeros invitados; de ahí que no solamente fueron llamados sino que, al responder a la invitación, también fueron elegidos.

En cambio, tanto el que respondió al llamado, no rechazando la invitación, pero no vistiéndose de manera adecuada, como los primeros invitados, que rechazaron la invitación, fueron ciertamente llamados pero no elegidos.

Aquellas palabras imperativas "sean perfectos como el Padre del cielo" van dirigidas a todos sus discípulos; nadie puede pensar que la perfección no se ha echo para él, o que él no es llamado a la perfección; nadie puede pensar que su modo de ser temperamental o caracterológico le impide la perfección ; todo esto seria excusas que Dios no admitiría, como tampoco fueron admitidas las excusas de los primeros invitados.

Vivencia.

Procura tú responder a la invitación que te hace Dios a vivir en su intimidad; pero ten presente que no basta responder, sino que es pérsico vivir luego la respuesta con la entrega total y sin reservas. Quizás está viviendo muy de tus sentidos y no tanto de tus potencias, muy extravertidamente y poco en interioridad. Solamente aquellos que se dedican a cultivar en su interior la intimidad de Jesús son los que saben y conocen por propia experiencia las dulzuras y la intima paz y serenidad que se apodera de su alma. Si en tu vida hay algo así como un dejo de disgusto, piensa que quizás sea porque te falta responder al llamado del Señor para que asistas a ese festín de sus intimidades, de su traro amistoso.

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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Jueves de la decimonovena semana

Jueves de la decimonovena semana. Mateo 18, 21-35 "¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga?" Los cristianos deben p

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Jueves de la decimonovena semana.

Mateo 18, 21-35

"¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga?"

Los cristianos deben perdonarse mutuamente, asi como ellos son perdonados por Dios.

En el anterior Evangelio se nos habló de correccion fraterna y ahora se nos pone una nueva exigencia
de la caridad: el perdon de las injurias, indispensable para que la caridad pueda reinar entre los hermanos.

Pedro pregunta a Jesus, como sugiendole alguna limitacion a la caridad; Pedro cree quese muestra amplio y generoso, proponiendo como maximun perdonar siete veces. Si bien el numero siete es un numero indefinido en la Biblia, pero elk sentido que Pedro parece dar a su exposicion es que segun él tiene que hacer
algun limite en el que cese el deber de perdonar, si la ofensa continua.

Jesus rechaza de plano y sin dejar lugar a replica esas limitacion; Jesus emplea otro numero simbolico, haciendo que éste resulte verdaderamente indefinido; recalca hiperbolicamente con los multiplos siete, para subrayar más la necesidad de un perdon sin limites.

Hay que perdonar, perdonar siempre y perdonar de todo corazon; la caridad no reconoce limites, ni disminucciones o atenuantes: sea ama y se ama de veras y, por tanto, se ama siempre.

El Padre celestial nos ensena cómo debemos perdonar de corazon a nuestro projimo; es El mismoel que nos pone en nosotros

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martes, 11 de agosto de 2015

Miércoles de la decimonovena semana

Miércoles de la decimonovena semana. Mateo 18,15-20 "Les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra...." Todavía la vida de la

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Miércoles de la decimonovena semana.

Mateo 18,15-20

"Les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra...."

Todavía la vida de la Iglesia y del cristiano debe estar informada por la caridad. Esa caridad tendrá dos expresiones o manifestaciones: con la corrección fraterna y la oración comunitaria.

Por la primera se expresa el autentico amor fraterno, teniendo cuidado de no hacer del celo por el prójimo una ficción policíaca; no es éste el pensamiento de Jesucristo; la caridad siempre ha de buscar el bien al prójimo y la primera exigencia de la caridad y de la justicia es no divulgar lo oculto.

Otra manifestación de la caridad es la reunión de los hermanos para orar juntos; si se reúnen "estando de acuerdo"..." ¡Cuánto cuesta a los cristianos estar de acuerdo, aun en esas cosas de capital importancia y de enorme gravitación para su vida y la vida del mundo!

Estar de acuerdo para orar quiere decir poseer el mismo espíritu de unidad, siendo uno por el amor de un mismo Espíritu, obrando todos movidos por la caridad, por el sincero deseo de agradar al Padre Celestial y de ser de aprovecho para el prójimo.

Estar de acuerdo es lo que suele faltar con más frecuencia entre los cristianos comprometidos, que quieren llevar adelante el Reino de Dios, pero en tanto en cuanto el Reino de Dios esté en conformidad con sus criterios o sus maneras de ser, cuando no de sus conveniencias y utilidades.

Esta es la causa de tantos fracasos apostólicos y de tantas empresas hermosamente concebidas en un ambiente de verdadero celo, pero luego boicoteadas por la falta de unión de los que llevan adelante.

En cambio si esos cristianos "se ponen de acuerdo" no solamente en cuanto a las metas a conseguir, sino, sobre todo, en la unidad de amor al Padre en Jesucristo por el Espíritu, entonces el Señor Jesús promete su presencia misteriosa, dinámica y santificadora entre ellos.

Y con esta presencia de Jesús todo lo bueno se puede esperar y todos los éxitos espirituales y apostólicos vendrán sin demora.

Esa presencia activa de Jesús entre nosotros será que hará que nuestra oración esté bien hecha; la oración privada y personal es necesaria y nada suplir; pero la oración colectiva o en comunidad eclesial tiene ventajas que no podemos desconocer y, con estas palabras, quiere Jesús fomentar entre la oración hecha en común y debidamente hecha, con el debido espíritu.

"Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos."

Según lo que hemos meditado anteriormente, para que se cumpla la promesa del Señor Jesús, es preciso que se den dos condiciones:

Que estén "reunidos"; pero no podrán estar unidos si previamente no están unidos; y ¡cuánto les cuesta unirse a los discípulos de Jesús!

Que estén reunidos "en el Nombre del Señor"; lo que reúna a los discípulos de Jesús no puede ser nada humano, nada

Material o temporal, ni una mera amistad natural o una simpatía o afinidad de temperamentos o confidencias de criterios.

Reunirse en el Nombre de Jesús es reunirse por Él, a causa de Él, convocados por su Palabra y animados por su mismo Espíritu, impulsados por el mismo amor; si esto se da, ya estamos en el plano sobrenatural y si todos los unidos en un mismo espíritu nos unimos en una misma oración, allí entre nosotros se ubica Jesús, presente entre nosotros como verdadero Dios, animado, orientado y vivificado desde adentro a ese grupo de sus discípulos.

"Si dos o tres de ustedes se reúnen en mi Nombre"; aquí se afirma la eficacia de la plegaria común en la Iglesia; pero plegaria común no significa oración de toda la Iglesia, pues dos o tres ya forman una comunidad orante, que ofrece la plegaria de la Iglesia y por tanto en esa reducidas comunidad eclesial de dos o tres que oran.

Vivencia.

Si constatas que no siempre tus oraciones son escuchadas, ¿no será porque no están hechas en comunidad, en comunión con otros, en unión y reunión con otros? De ahí que en ocasiones, antes de ponerse en oración, los discípulos de Jesucristo debamos ponernos en unidad como condición previa y eso es lo que nos cuesta. Nos basta, pues, orar; es preciso disponerse a orar bien, a orar en unidades corazón, en unidad de sentimientos, en unidad de espíritu, para seguir que Jesús se ubique en medio de nosotros y así nuestra oración, que en este caso ya es la oración de Jesús, sea escuchada infaliblemente por el Padre de los cielos.

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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