lunes, 7 de julio de 2014

Lunes de la decimocuarta semana.

Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre; a ti fui entregado desde mi nacimiento. Salmo 22 Lunes de la decimocuarta

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Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre; a ti fui entregado desde mi nacimiento. Salmo 22

Lunes de la decimocuarta semana.

Mateo 9,18-26

"Animo, hija, tu fe te ha sanado."

La mujer de la que nos habla este texto expresó su humildad; no quiso darse a conocer, llamar a la atención, interrumpir al Maestro; deseó pasar inadvertida.

No queremos nosotros llamar la atención en nuestro apostolado; no tratemos de convertirnos en la "vedette" que concite todas las miradas; desaparezcamos nosotros, para que aparezca más bien Cristo; no nos prediquemos a nosotros, prediquémoslo a Él.

Otra virtud de aquella mujer enferma fue la confianza en el poder de Jesús; piensa que no necesita Jesús la toque, basta que ella toque a Él; ni es preciso que Jesús vea, ni aun que sepa que está realizando un prodigio; sabia que de un modo natural salía de Él un poder milagroso curativo.

¿No nos faltará a nosotros algo más de confianza en la bondad del Señor? No es que no debamos poner los medios humanos; pero quizá demos a estos mayor eficiencia que la que les pueda corresponder. Incluso en nuestro mismo trabajo de perfección espiritual propia, no posemos que somos nosotros los que dispondremos purificarnos; nosotros deberemos disponer, pero es Él el que verdaderamente salva y libera.

Jesús quiso poner en evidencia las virtudes de aquella mujer y así, según nos detalla San Marcos, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?" Los discípulos se quedaban perplejos ante esa pregunta y tomando la palabra, Pedro dice: "Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado."

Nosotros acudimos al Señor con cierta frecuencia y aun con cierta insistencia, pero con poca fe; lo recibimos en la comunión quizá diariamente, ofrecemos el santo sacrificio diariamente, pero quizá no nos detenemos a hacer todo eso con la debida calma y con el debido espíritu de fe; por eso, pese a tantas comuniones y tantas Eucaristías, no logramos salir de nuestros defectos, curar de nuestros males espirituales.

Jesús quiso dar publico testimonio de la fe de aquella mujer, como también demostrar que su curación se debió principalmente a su fe.

Jesús quiere decirnos a nosotros ahora que nos falta fe, mayor espíritu de fe en nuestra vida diaria.

Finalmente en la narración de los milagros de este texto evangélico, como siempre a lo largo del Evangelio, aparece Jesús obrando no precisamente como un santo taumaturgo que pide a Dios y Dios lo escucha, sino que aparece como quien tiene poder propio sobre todas las cosas y las cambia por su simple voluntad; de ahí el tono imperativo, exigente y seco, que emplea cuando ordena la resurrección de un muerto o la curación de un enfermo.

Vivencia:

No bastará que tengamos fe, si no vivimos la fe.

Y no bastará vivir la fe, sino que debemos tender a conseguir el espíritu de fe, que nos ubique en un plano de espiritualidad, de aceptación de la voluntad del Señor y en una interrumpida actitud de oración al Padre, a través de Jesucristo.

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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domingo, 6 de julio de 2014

DOMINGO 06 DE JULIO DE 2014 - CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO.

DOMINGO 06 DE JULIO DE 2014 - CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO. Autor: P. Juan Manuel Toro Vallejo Fuente: www.mensajespanyvida.org SEPAN QUE EL REIN

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DOMINGO 06 DE JULIO DE 2014 - CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO.

Autor: P. Juan Manuel Toro Vallejo
Fuente: www.mensajespanyvida.org

SEPAN QUE EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA
PRIMERA LECTURA

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

SEGUNDA LECTURA

Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

EVANGELIO

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

ENCUENTRO EN LA HUMILDAD

Hoy Zacarías nos invita a MIRAR a nuestro Rey que viene JUSTO, VICTORIOSO Y MODESTO (montado en un asno), pero con el poder de romper arcos, dictar la paz y dominar de mar a mar; es decir, viene humilde pero viene a reinar. De allí que el salmo exhorta a que las creaturas proclamen la gloria de su reinado.

El Reino de Dios, el reino de Jesús, no es de este mundo. En este sentido es que lo afirma el Señor ante Pilato, cuando éste le pregunta si es rey. Y no es de este mundo, en el sentido que se opera fundamentalmente en el corazón. Es allí donde tiene que enseñorearse para que se instaure el Reino de Dios.

Por eso Jesús nos invita hoy a que aprendamos de él que es manso y humilde de corazón, como él mismo nos lo dice en el Evangelio… porque solo a quien es humilde de corazón es a quien el Padre se le revela… así le ha parecido bien a él.

La puerta, entonces, que se debe abrir en el corazón del hombre para que se verifique su encuentro con Dios, se llama HUMILDAD. Pero la humildad se "aprende" de Aquél que es manso y humilde por antonomasia.

¿Eres sencillo? O tu corazón es soberbio, incapaz de doblegar "tus criterios, tus gustos, tu prepotencia?

Cuántas veces en la historia se lucha simplemente por adquirir una sabiduría humana, en acumular conocimiento pensando que en ello está lo esencial de la vida… se ha colocado en las cumbres de la ciencia y del conocimiento científico la esperanza de la verdad… pues bien, Dios es simple, y sólo los pequeños, los sencillos podrán encontrarlo en la cotidianidad y percibir su actuación incesante. Es el sencillo de corazón el que es capaz de entrar realmente en la contemplación tan necesaria para convertirse en el testigo.

Descubrir a Dios nos da paz, porque es entonces que entendemos que no caminamos solos y que tenemos en quien descansar nuestro cansancio y nuestro agobio.

Señor: regálanos la humildad necesaria para recibirte en el corazón y la mansedumbre para dejarte reinar.

Un abrazo
P. Juan Manuel Toro Vallejo

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sábado, 5 de julio de 2014

Sábado de la decimotercera semana.

Sábado de la decimotercera semana. Mateo 9,14-17 "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristez mientras el esposo está con ellos?" La Iglesia

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Sábado de la decimotercera semana.

Mateo 9,14-17

"¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristez mientras el esposo está con ellos?"

La Iglesia es peregrina; va por este mundo caminando hacia el padre, conducidad por su jefe, Jesucristo, quien, puesto al frente del Pueblo de Dios, iluminando la ruta con la luz de su vida y de su mensaje y dándole fuerza con el empuje de su gracia, lleva a todos los hijos de Dios a la casa del Padre.

El término son los brazos de Dios Padre; el témino será indefectiblemente la felicidad de gozar del amor paterno. Será entonces cuando ya todos estemos juntos en una sola comunidda de amor: el amor infinito de Dios; no habrá ni llantos, ni penas, ni aungustias, ni necesidad de sacrificios, ayunos o privaciones, pues el Amor suplirá a todo con la fuerza de su infinito goce.

Pero ahora estamos en el momento del peregrinaje y el peregrino está sujeto al cansancio, al agotamiento, al ansia de llegar pronto a la patria.

Es ésta la necesidad del sacrificio, de la mortificación, del ayuno, de la negeación de nuestros gustos; son las gotas de sangre que diariamente debemos derramar en el cáliz, para poder disponer de la materia necesaria para nuestro sacrificio; son los granos de trigo con los que cada día iremos consiguiendo la harina de necesitamos para la hostia de nuestro ofrecimiento eucarístico.

Es decir que la hostia de nuestra vida no solamente seremos nosotros, sino que también la debemos amasar nosotros mismos. Y así, cada vez que debamos soportar una contradicción, o molestia, un cansancio, la negación de un gusto o deseo, la privación de una comodidad....debemos pensar: un gartito de trigo más para la hostia de mi Misa de mañana; un granito de una uva más para el cális de mi Misa de mañana.

"Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos....."

El mensaje del Evangelio es una enseñansa nueva, un espirítu nuevo; si nosotros somos odres viejos, gastados, sin fortaleza, no podremos captar la novedad del Espirítu del Señor.

Por eso la Iglesia nos invita repetidas veces también a pedir que el Espirítu Santo renueve la faz de la tierra, renueve nuestro espirítu, renueve nuestra mente y nuestro corazón. No olvidemos que en el lenguaje bíblico veterotestamentario la palabra "corazón" expresaba los pensamientos del hombre y ése era el sentido de la tan repetida petición de los salmos: "Purifica, Señor, mi corazón", es decir , purifica mis pensamientos, mi modo de pensar, mos criterios, mis enfoques de la vida.

La Vida de Dios es una nueva Vida, que el cristiano recibe para hacer de él un hombre nuevo; y con el himbre nuevo podremos construir los nuevos cielos y la nueva tierra, que serán el sacramento; signo e instrumento del futuro Reino de Dios.

Vivencia:

Abre el corazón a una gran confianza; Jesús es médico que sana todas las enfermedades del corazón y es el Amigo que atrae el más profundo consuelo a los espirítus conturbados.

Pero no dejes de analizarte con rigor, al par que con sinceridad, para constatar si tienes un espirítu nuevo, abierto al Espirítu, o si, por el contrario, estás cerrado...negativo....opuesto....

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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