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miércoles, 12 de noviembre de 2014
Jueves de la trigésima segunda semana.
martes, 11 de noviembre de 2014
Miércoles de la trigésima segunda semana.
| Miércoles de la trigésima segunda semana. Lucas 17,11-19 "Jesús maestro, ten compasión de nosotros." En el relato de este texto del Evangelio se no
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Martes de la trigésimo segunda semana.
Lucas 17,7-10
"Somos servidores inútiles; no hemos hecho más que lo que debíamos hacer."
Con frecuencia sueles pensar y decir: "Soy libre para hacer el bien o el mal"; y esto puede ser ambiguo; eres libre psicológicamente para dedicarte por el bien o por el mal; no hay en ti ninguna fuerza, oculta o manifiesta, que te impida decidirte, si te decides por el bien o por el mal, eres tú el único responsable y te decides, porque quieres hacerlo, no porque alguien o algo te presione, te empuje, te esfuerce.
Psicológicamente hablando eres libre y allí reside tu gran responsabilidad: en saber usar cuerda y prudentemente de esa tu actividad.
Pero moralmente no eres libre en manera alguna, para hacer lo que a ti te plazca o te parezca; moralmente estás obligado a hacer el bien y evitar el mal. De tal forma que si no lo haces, asumes responsabilidad del mal realizado o del bien dejado de realizar.
Cuando haces el bien, no haces otra cosa sino lo que debías hacer; cuando obras bien, eres simplemente un ser normal y coherente, mientras cuando realizas el mal, realizas algo incoherente por realizar algo indebido, eres como una maquina que funciona al reces.
¿Verdad que no te extrañas de que el sol brille, la lluvia moje, la tierra produzca plantas y flores, los árboles del fruto, el fuego queme, el hielo enfríe? Tampoco debes extrañarte si realizas el bien, porque ése debe ser tu afecto, tu producto, tu fruto, tu acción.
Deduce, por tanto, el trastorno que se sigue en el mundo, si tú no obras el bien e imaginate qué seria si los demás tampoco lo hicieron; este mundo se convertiría en tierra sin plantas, fuego sin luz y sin calor, sol pagado, árbol sin fruto, algo sin vida, algo muerto.
Jesús no vino, solo a darnos el ejemplo del servicio, según leemos en Mateo 10,43-45: "El Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud"; así entre los seguidores del Señor "el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será el servidor de todos."
Esto está dicho por Jesús, para que sus discípulos nunca cesen ni se tomen descanso en la creencia de que ya han trabajado lo suficiente, tentación que muy bien les puede acechar.
El apóstol debe tener siempre ante su consideración aquella frase: "Somos servidores inútiles", para vivir persuadido de que en el orden del apostolado nada es del apóstol, a no ser los defectos y limitaciones, y en cambio todo lo bueno es de Dios y viene de Dios, según nos los advierte San Pablo: "Ni el que planta, ni el que riega valen algo, sino Dios que hace crecer" (1 Cor 3,7).
Vivencia:
Pío XII con su habitual clarividencia que tenia al cansancio de los buenos, que no al la misma actividad de los malos.
Examínate bien, para ver si has decaído de tu primitivo fervor; quizás en un tiempo fuiste activo dirigente en tal o cual Movimiento de apostolado y ahora te hallas perdido.
Sí, ya lo sé y no necesito que me lo digas: encuentras muchas razones de orden personal y publico para justificarte de ese abandono; pero tampoco son claros pretextos para camuflar tu falta de entrega y generosidad al apostolado; no necesitas que nadie te lo recuerde, o que trate de convencerte de ello, pues tu conciencia te habla con suficiente claridad y convicción.
Si Jesús llama "siervo inútil" al que ha hecho lo que debía hacer, ¿cómo piensas que llamará a ti, tú no has hecho ni la mitad de los que podías hacer? Porque si podías hacerlo, debías hacerlo y si debías hacerlo y no lo hiciste, ya estás en deuda con el Señor y con tu prójimo
Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.
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lunes, 10 de noviembre de 2014
Lunes de la trigésimo segunda semana.
Lucas 17,1-6
"Ay de aquel por quien vienen los escándalos."
Se llama escándalo a todo tropiezo en el camino de la fe, a todo aquello que induce al mal, al pecado.
Jesús ha hablado repetidamente contra los que provocan el escándalo; no pueden ser más duras sus expresiones, como afirma: "Si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que cree en mí, será preferible que le colgaran al cuello una de esas piedras del molino, y lo hundieran en lo profundo del mar, ¡Ay del mundo a causa de los escándalos!" (Mt18,6-7).
El escándalo supone una ofensa al hermano y esa ofensa deber ser perdonada.
El perdón del hermano que ofende es una exigencia del Evangelio y la expresión "siente veces al día" está indicando un número indeterminado de veces, vale decir: "siempre".
El deber del perdón no admite limites; es un precepto universal.
La practica de los judíos , según el texto del Talmud, era perdonar tres veces; Jesucristo perfecciona la ley y suprime todo limite en el precepto "se debe perdonar siempre".
Eso debe hacernos meditar a los cristianos, tan reacios en ocasiones a perdonar a los que nos ofenden; somos muy sensibles para acusar la ofensa recibida; pero somos muy difíciles y duros para comprender y disimular y olvidar las ofensas; el perdón de los que nos ofenden se constituye así en uno de los más difíciles preceptos del Evangelio , pero no por lo difícil menos obligatorio.
Dice Jesús que es necesario que vengan los escándalos, dando que el hombre es libre y en consecuencia -abuso de su libertad- puede abrazarse con el mal, desechando el bien; pero el mismo Jesús pronuncia uno de los más temibles anatemas contra los que escandalizan.
Y es que una cosa es pecar por debilidad y otra hacerlo meditadamente y aun organizar los medios de comunicación social y los adelantos modernos, para presentar el pecado más seductor y atrayente; todos deberían recordar la afirmación de Jesús y tomarlo como una exageración: "seria preferible que el colgaran al cuello una de las piedras de molino, y lo hundieran en lo profundo del mar".
"Auméntanos la fe."
La fe no es otra que la anhelación a la Persona de Jesús, como el autor de nuestra salvación; al aceptar al Salvador, se acepta también el cambio de una nueva vida, con una nueva escala de valores, con nuevos criterios.
El aumento de fe que piden los apóstoles se refiere a la cantidad como la calidad de fe, la confianza inquebrantable en el poder y en la bondad de Dios.
La fe vence a todos los obstáculos y dificultades, supera a todos los contratiempos; las obras de apostolado resultan a menudo difíciles, pro un lado, e infecundas, por otro, cuando se realizan como fruto del propio esfuerzo e iniciativa; pero cuando se realizan con un verdadero espíritu de fe y movidos a la acción del espíritu, son no sólo fáciles de realizar, sino que también resultan eficientes y productivas.
¡Con cuánta frecuencia deberías pedir el aumento de tu fe!
"¡Señor, aumenta nuestra mi fe", debe ser tú oración constante. Como dice San Pablo" "El justo vivirá por la fe" (Rom1,17).
"El justo vivirá por la fe pero si vuelves atrás, dejaré de amarlo. Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra vida" (Heb 10,38-39).
Vivencia:
Toda tu vida depende del grado de fe que tengas y así:
-es verdad que ores , porque tienes fe; pero también lo es que si tuvieras más fe, orarías de muy distinta forma a como ores al presente;
-es verdad que confieses y comulgas, porque tienes fe; pero si creyeras más profundamente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, tu vida sacramental seria mucho más intensa;
-es verdad que crees que Dios está en tus prójimos; pero si lo creyeras con un poco más de convicción, tu trato con ellos se vería sensible dulcificado.
No basta que creas; es preciso que creas más conscientemente y que vivas con mayor espíritu de fe; así cambiará sensiblemente tu vida cristiana.
Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.
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domingo, 9 de noviembre de 2014
Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario. La Dedicación de la Basílica de Letrán.
Autor: Archimadrid.es
Fuente: Archidiócesis de Madrid
PRIMERA LECTURA
Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante – el templo miraba a levante -. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo:
-«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»
Palabra de Dios.
Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
R. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.
SEGUNDA LECTURA
Sois templo de Dios
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11. 16-17
Hermanos:
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.
Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Hablaba del templo de su cuerpo
Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor.
¡Qué se abran todas las ventanas!
En este día, desde la ventana de mi casa se ve el Vaticano… Siempre se ha visto, pero quizá me molestaba el sol y bajé las persianas, encendí la lámpara del despacho, y me dediqué a mis cosas: mi parroquia, mi familia, mis amigos, mi trabajo, ¡”mi” oración! ¡mi capillita!… ¡Qué mundo más cerrado; ahora me doy cuenta! Y, sin embargo, no podía yo concebir que hubiese vida fuera de allí. Me acostumbré a su penumbra como se acostumbran los ojos a la oscuridad, y hasta sus tinieblas me parecían luz. Si me llegaba el eco de alguna voz que venía de fuera, apenas lo escuchaba: “¡No tengo tiempo ahora!”: mi parroquia, mi familia, mis amigos, mi trabajo, ¡”mi” oración! ¡mi capillita! Cuando las cosas iban bien en este pequeño mundo, se me antojaba que la Creación entera debería estar de fiesta; y, cuando se me desmoronaba mi universo, no conseguía encontrar un motivo que hubiera impulsado al sol a salir esa mañana… “¿Cómo pueden cantar hoy los pájaros -me preguntaba- mientras la tristeza lo está invadiendo “todo” (sí, “todo”, porque en mi ceguera creía yo ser “todo” mi pequeña habitación)?
Esta mañana, mi madre, la Iglesia, ha irrumpido en mi dormitorio como lo hiciera mi madre carnal hace muchos años: de repente, sin previo aviso, tirando de las cortinas y levantando las persianas para que un torrente de luz lo inundara todo, mientras ella entonaba unos versos que aún recuerdo bien. Y. como hiciera entonces, también hoy me he llevado, en un primer momento, la mano a los ojos, no queriendo despertar ni salir de aquel mundo de mis sueños. Pero, también como entonces, al final he tenido que rendirme y afrontar con valentía el gozo de la luz. Desde mi ventana he visto el Vaticano. En mi capillita he celebrado la misa en acción de gracias por la dedicación del templo en que ofrece el Santo Sacrificio el Romano Pontífice; y me he cogido fuertemente a su temblorosa mano al consagrar el pan y el vino, descubriéndome gozoso como hijo de una Iglesia universal, católica. Y aquellas preocupaciones, que me parecían todo cuando yo no veía más que mi mundo, se han recogido y han dejado entrar en mi alma a todas las intenciones que pueblan ese corazón como un mapamundi que arde en el pecho del Papa: Jerusalén, América, las misiones, el diálogo ecuménico, los enfermos de sida, los drogadictos, la víctimas del terrorismo y de la guerra y sus verdugos, el progreso humano de las ciencias… Y entonces he descubierto que tengo el corazón muy grande; muy grande y muy desaprovechado.
No quisiera, Madre mía, que estas ventanas se cerraran de nuevo; no quisiera descender de la Cruz, levantada en alto sobre el mundo; no quisiera perder la luz que me obliga a mirar a Roma. Un día me lo enseñaron, y hoy te lo repito a ti, como una súplica: “Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam”.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Sábado de la vigésimo primera semana.
www.editorialclaretiana.com.ar
viernes, 7 de noviembre de 2014
Viernes de la trigésimo primera semana.
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