miércoles, 12 de noviembre de 2014

Jueves de la trigésima segunda semana.

Jueves de la trigésima segunda semana. Lucas 17,20-25 "El Reino de Dios está solamente entre nosotros, sino también dentro de nosotros. El Reino de

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Jueves de la trigésima segunda semana.

Lucas 17,20-25

"El Reino de Dios está solamente entre nosotros, sino también dentro de nosotros.

El Reino de Dios no está solamente entre nosotros, sino también dentro de nosotros.

Muchas veces quedamos como hipnotizados por las cosas exteriores, por el mundo que aparece, nos seducen el movimiento, las luces, la agitación, los espectáculos, las diversiones, lo que se mira, lo que se oye, lo que siente, todo lo de afuera.

Y a pesar de eso, de ese vivir extrovertidamente, ese llenarse con todo lo de afuera, con todo lo ajeno, a pesar de eso y precisamente quizás por eso, no estás satisfecho de ti mismo, sientes soledad y gustas el vació.

Sin embargo, tu interior es tu verdadera casa, lo que propiamente te pertenece, el reducto al que solamente tú entras con derecho propio; los demás entran en él, pero lo hacen usurpando un derecho, violando una propiedad.

No te olvides, el Reino de Dios está dentro de ti; no lo busques afuera, ni lejos de ti; el Reino de Dios eres tú quien tiene que instalarlo en el mundo, instaurándolo previamente en tu corazón, en tus obras, en tu vida.

Para los judíos del tiempo del Señor Jesús, el Reino de Dios constituía el centro de sus esperanzas; con ése iniciar la época mesiánica; para los cristianos de hoy el Reino de Dios está dentro de nosotros, en medio de nosotros y somos nosotros los que debemos consolidarlo, viviendo de la fe y la esperanza.

Y somos nosotros los que debemos propagando en los ambientes en los que nos toque movernos y actuar, saturándolos de Evangelio, ordenándolos según las directivas del Evangelio, preparándolos para que puedan recibir el Reino de Dios.

"Antes tendrán que sufrir mucho."

Jesús el Mesías ha de llagar a cumplir su obra mesiánica de salvación y redención, a través del sufrimiento y la humillación. Y la Iglesia, que es encargada de continuar esa obra salvadora para todo el mundo, vive ahora esa misma experiencia de caminar en el mundo a través del sufrimiento y la persecución hasta la gloria que recibirá en su día.

A los cristianos nos cuesta convencernos de la necesidad del sufrimiento y de la cruz, para podernos llamar verdaderamente cristianos. "El discípulo no es superior al Maestro; cuando el discípulo consiguiente si el Maestro llevó una vida sacrificada y de continuos sufrimientos, la vida del discípulo no puede aspirar a ser de distinta condición.

El sufrimiento será, pues, la piedra de toque que aquilate y demuestre la autenticidad del espíritu evangélico; ninguna religión presentó a la divinidad sufriendo; pareciera como que el sufrir es propio de la humanidad; en cambio el cristianismo nos presenta a un Dios clavado en la cruz y muriendo en ella por amor a los hombres, para salvarles de la eterna condición.

Vivencia:

El Reino de Dios está en ti, como acabas de reflexionar, pero no basta eso, si tú no estás en el Reino de Dios, si no estás en su planes, en su mentalidad, en su principios de vida.

No pienses, que nada tienes que ver tú con el Reino de Dios; al contrario, depende de ti, de tu actuación, de tu empuje, de que tú le dediques a vivirlo en ti, a fin de que estés dispuesto para implantarlo a tu alrededor: que se piense en cristiano, que se juzgue en cristiano, que se sienta en cristiano, que se obre conforme a los principios del Evangelio.

Para ellos debes desprenderte de ti mismo y no dejarte influenciar por las máximas del mundo, por egoísmo, por la comodidad, por la avaricia; el Evangelio ha de ser tu norma de conducta y tus principios de vida; para ellos debes conocer el Evangelio, meditar el Evangelio, profundizar sus enseñanzas.

El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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martes, 11 de noviembre de 2014

Miércoles de la trigésima segunda semana.

Miércoles de la trigésima segunda semana. Lucas 17,11-19 "Jesús maestro, ten compasión de nosotros." En el relato de este texto del Evangelio se no

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Miércoles de la trigésima segunda semana.

Lucas 17,11-19

"Jesús maestro, ten compasión de nosotros."

En el relato de este texto del Evangelio se nos enseña las disposiciones que exige la oración, para que pueda conseguir lo que pide; compasión, perseverancia, gratitud:

-compasión o dolor del pecado cometido; mal puede uno ponerse en actitud de oración, si precisamente no se arrepiente de haber ofendido y disgustado a aquel Señor ante el que ahora se presenta, para pedirle sus favores;

-perseverancia, pues no basta pedir una o varias veces; es preciso insistir en la oración; el perseverar en la oración es claro argumento, que nos convence de que siempre estamos dependiendo de Dios;

gratitud, ya que la gratitud es la llave que abre el Corazón de Dios y lo inclina a la concesión de nuevas gracias y favores.

Le salen al encuentro diez leprosos; los leprosos eran impuros legalmente y por eso estaban excluidos del trato de los demás hombres.

Tenían que vivir alejados de los pueblos, ordinariamente a las puertas de las ciudades y fuera de la aldeas, en cuevas o viviendas propias dispuestas en el campo o en las laderas de los montes; tenían obligación de andar con el vestido rasgado en el pecho, para que pudiera ver su enfermedad, y si se les acercaban algún transeúnte, debían gritar que eran impuros, para denunciarse a sí mismos.

Aquel grito angustioso pero al mismo tiempo confiado: "Jesús el Maestro, ten compasión de nosotros", debe ser repetido constantemente por ti en las variadas circunstancias: en los momentos de tentación, "Jesús el maestro, ten compasión de mí"; en los días de soledad e incomprensión, "Jesús el Maestro, ten compasión de mí"; cuando el dolor atenace tus carnes o muerda tu espíritu, "Jesús Maestro, ten compasión de mí"; y cuando veas que desde lo intimo de tu corazón y con la mayor frecuencia posible, "Jesús Maestro, ten compasión de mí".

"Levántate y vete; tu fe te ha salvado."

En realidad los leprosos hicieron un acto de fe en Jesús; cuando Él les mando a presentarse a los sacerdotes, ellos inmediatamente se pusieron en camino, haciéndole caso y obedeciendo al mandato recibido, cuando premio de aquella fe y del aquel acto de sumisión mientras iban, quedaron limpios de la lepra, se sintieron curados de su mal.

Pero hay uno de ellos que es samaritano y éste, al sentirse curado, experimenta la necesidad de dar gloria a Dios por el favor recibido, vuelve hacia Jesús, se postra delante de Él, expresando así su gratitud; la redacción evangélica es suficiente clara: "Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándoles gracias; era un samaritano".

También a ti hoy te dice Jesús: "Levántate, emprende tu camino, no te quedes en la inacción, adelanta cada día en tu perfeccionamiento espiritual, no te contentes con el ser el que ya eres, aspira a más, siempre más y siempre mejor"

Vivencia:

"Gracias, Señor, por haber querido que entre los infinitos seres posibles haya llegado precisamente yo al umbral de la vida, para gozar de sus sonrisas y lagrimas, cuando tantos otros, por obra de la ciega naturaleza o de libre opción de sus padres, no verán jamás la luz del día. Gracias, Señor, por esa constelación de gracias que se ha ido sumando a lo largo de mi existencia, desde el agua fresca y el rayo de sol, hasta el don de la fe, la esperanza y el amor, que me constituyen el hijo tuyo.

Gracias por todo lo que considero bienes y especialmente por lo que me parecen males, pues para los que te aman "todo constituye a su bien" (Rom 8,28).

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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Martes de la trigésimo segunda semana.

Martes de la trigésimo segunda semana.

Lucas 17,7-10

"Somos servidores inútiles; no hemos hecho más que lo que debíamos hacer."

Con frecuencia sueles pensar y decir: "Soy libre para hacer el bien o el mal"; y esto puede ser ambiguo; eres libre psicológicamente para dedicarte por el bien o por el mal; no hay en ti ninguna fuerza, oculta o manifiesta, que te impida decidirte, si te decides por el bien o por el mal, eres tú el único responsable y te decides, porque quieres hacerlo, no porque alguien o algo te presione, te empuje, te esfuerce.

Psicológicamente hablando eres libre y allí reside tu gran responsabilidad: en saber usar cuerda y prudentemente de esa tu actividad.

Pero moralmente no eres libre en manera alguna, para hacer lo que a ti te plazca o te parezca; moralmente estás obligado a hacer el bien y evitar el mal. De tal forma que si no lo haces, asumes responsabilidad del mal realizado o del bien dejado de realizar.

Cuando haces el bien, no haces otra cosa sino lo que debías hacer; cuando obras bien, eres simplemente un ser normal y coherente, mientras cuando realizas el mal, realizas algo incoherente por realizar algo indebido, eres como una maquina que funciona al reces.

¿Verdad que no te extrañas de que el sol brille, la lluvia moje, la tierra produzca plantas y flores, los árboles del fruto, el fuego queme, el hielo enfríe? Tampoco debes extrañarte si realizas el bien, porque ése debe ser tu afecto, tu producto, tu fruto, tu acción.

Deduce, por tanto, el trastorno que se sigue en el mundo, si tú no obras el bien e imaginate qué seria si los demás tampoco lo hicieron; este mundo se convertiría en tierra sin plantas, fuego sin luz y sin calor, sol pagado, árbol sin fruto, algo sin vida, algo muerto.

Jesús no vino, solo a darnos el ejemplo del servicio, según leemos en Mateo 10,43-45: "El Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud"; así entre los seguidores del Señor "el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será el servidor de todos."

Esto está dicho por Jesús, para que sus discípulos nunca cesen ni se tomen descanso en la creencia de que ya han trabajado lo suficiente, tentación que muy bien les puede acechar.

El apóstol debe tener siempre ante su consideración aquella frase: "Somos servidores inútiles", para vivir persuadido de que en el orden del apostolado nada es del apóstol, a no ser los defectos y limitaciones, y en cambio todo lo bueno es de Dios y viene de Dios, según nos los advierte San Pablo: "Ni el que planta, ni el que riega valen algo, sino Dios que hace crecer" (1 Cor 3,7).

Vivencia:

Pío XII con su habitual clarividencia que tenia al cansancio de los buenos, que no al la misma actividad de los malos.

Examínate bien, para ver si has decaído de tu primitivo fervor; quizás en un tiempo fuiste activo dirigente en tal o cual Movimiento de apostolado y ahora te hallas perdido.

Sí, ya lo sé y no necesito que me lo digas: encuentras muchas razones de orden personal y publico para justificarte de ese abandono; pero tampoco son claros pretextos para camuflar tu falta de entrega y generosidad al apostolado; no necesitas que nadie te lo recuerde, o que trate de convencerte de ello, pues tu conciencia te habla con suficiente claridad y convicción.

Si Jesús llama "siervo inútil" al que ha hecho lo que debía hacer, ¿cómo piensas que llamará a ti, tú no has hecho ni la mitad de los que podías hacer? Porque si podías hacerlo, debías hacerlo y si debías hacerlo y no lo hiciste, ya estás en deuda con el Señor y con tu prójimo

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Lunes de la trigésimo segunda semana.

Lunes de la trigésimo segunda semana.

Lucas 17,1-6

"Ay de aquel por quien vienen los escándalos."

Se llama escándalo a todo tropiezo en el camino de la fe, a todo aquello que induce al mal, al pecado.

Jesús ha hablado repetidamente contra los que provocan el escándalo; no pueden ser más duras sus expresiones, como afirma: "Si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que cree en mí, será preferible que le colgaran al cuello una de esas piedras del molino, y lo hundieran en lo profundo del mar, ¡Ay del mundo a causa de los escándalos!" (Mt18,6-7).

El escándalo supone una ofensa al hermano y esa ofensa deber ser perdonada.

El perdón del hermano que ofende es una exigencia del Evangelio y la expresión "siente veces al día" está indicando un número indeterminado de veces, vale decir: "siempre".

El deber del perdón no admite limites; es un precepto universal.

La practica de los judíos , según el texto del Talmud, era perdonar tres veces; Jesucristo perfecciona la ley y suprime todo limite en el precepto "se debe perdonar siempre".

Eso debe hacernos meditar a los cristianos, tan reacios en ocasiones a perdonar a los que nos ofenden; somos muy sensibles para acusar la ofensa recibida; pero somos muy difíciles y duros para comprender y disimular y olvidar las ofensas; el perdón de los que nos ofenden se constituye así en uno de los más difíciles  preceptos del Evangelio , pero no por lo difícil menos obligatorio.

Dice Jesús que es necesario que vengan los escándalos, dando que el hombre es libre y en consecuencia -abuso de su libertad- puede abrazarse con el mal, desechando el bien; pero el mismo Jesús pronuncia uno de los más temibles anatemas contra los que escandalizan.

Y es que una cosa es pecar por debilidad y otra hacerlo meditadamente y aun organizar los medios de comunicación social y los adelantos modernos, para presentar el pecado más seductor y atrayente; todos deberían recordar la afirmación de Jesús y tomarlo como una exageración: "seria preferible que el colgaran al cuello una de las piedras de molino, y lo hundieran en lo profundo del mar".

"Auméntanos la fe."

La fe no es otra que la anhelación a la Persona de Jesús, como el autor de nuestra salvación; al aceptar al Salvador, se acepta también el cambio de una nueva vida, con una nueva escala de valores, con nuevos criterios.

El aumento de fe que piden los apóstoles se refiere a la cantidad como la calidad de fe, la confianza inquebrantable en el poder y en la bondad de Dios.

La fe vence a todos los obstáculos y dificultades, supera a todos los contratiempos; las obras de apostolado resultan a menudo difíciles, pro un lado, e infecundas, por otro, cuando se realizan como fruto del propio esfuerzo e iniciativa; pero cuando se realizan con un verdadero espíritu de fe y movidos a la acción del espíritu, son no sólo fáciles de realizar, sino que también resultan eficientes y productivas.

¡Con cuánta frecuencia deberías pedir el aumento de tu fe!

"¡Señor, aumenta nuestra mi fe", debe ser tú oración constante. Como dice San Pablo" "El justo vivirá por la fe" (Rom1,17).

"El justo vivirá por la fe pero si vuelves atrás, dejaré de amarlo. Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra vida" (Heb 10,38-39).

Vivencia:

Toda tu vida depende del grado de fe que tengas y así:

-es verdad que ores , porque tienes fe; pero también lo es que si tuvieras más fe, orarías de muy distinta  forma a como ores al presente;

-es verdad que confieses y comulgas, porque tienes fe; pero si creyeras más profundamente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, tu vida sacramental seria mucho más intensa;

-es verdad que crees que Dios está en tus prójimos; pero si lo creyeras con un poco más de convicción, tu trato con ellos se vería sensible dulcificado.

No basta que creas; es preciso que creas más conscientemente y que vivas con mayor espíritu de fe; así cambiará sensiblemente tu vida cristiana.

Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.

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domingo, 9 de noviembre de 2014

Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario. La Dedicación de la Basílica de Letrán.

Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario. La Dedicación de la Basílica de Letrán.

Autor: Archimadrid.es
Fuente: Archidiócesis de Madrid

PRIMERA LECTURA
Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante – el templo miraba a levante -. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.

Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.

Me dijo:

-«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»

Palabra de Dios.



Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
R. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA
Sois templo de Dios
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11. 16-17

Hermanos:

Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.

Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Hablaba del templo de su cuerpo
Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron:

-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor.



¡Qué se abran todas las ventanas!

En este día, desde la ventana de mi casa se ve el Vaticano… Siempre se ha visto, pero quizá me molestaba el sol y bajé las persianas, encendí la lámpara del despacho, y me dediqué a mis cosas: mi parroquia, mi familia, mis amigos, mi trabajo, ¡”mi” oración! ¡mi capillita!… ¡Qué mundo más cerrado; ahora me doy cuenta! Y, sin embargo, no podía yo concebir que hubiese vida fuera de allí. Me acostumbré a su penumbra como se acostumbran los ojos a la oscuridad, y hasta sus tinieblas me parecían luz. Si me llegaba el eco de alguna voz que venía de fuera, apenas lo escuchaba: “¡No tengo tiempo ahora!”: mi parroquia, mi familia, mis amigos, mi trabajo, ¡”mi” oración! ¡mi capillita! Cuando las cosas iban bien en este pequeño mundo, se me antojaba que la Creación entera debería estar de fiesta; y, cuando se me desmoronaba mi universo, no conseguía encontrar un motivo que hubiera impulsado al sol a salir esa mañana… “¿Cómo pueden cantar hoy los pájaros -me preguntaba- mientras la tristeza lo está invadiendo “todo” (sí, “todo”, porque en mi ceguera creía yo ser “todo” mi pequeña habitación)?

Esta mañana, mi madre, la Iglesia, ha irrumpido en mi dormitorio como lo hiciera mi madre carnal hace muchos años: de repente, sin previo aviso, tirando de las cortinas y levantando las persianas para que un torrente de luz lo inundara todo, mientras ella entonaba unos versos que aún recuerdo bien. Y. como hiciera entonces, también hoy me he llevado, en un primer momento, la mano a los ojos, no queriendo despertar ni salir de aquel mundo de mis sueños. Pero, también como entonces, al final he tenido que rendirme y afrontar con valentía el gozo de la luz. Desde mi ventana he visto el Vaticano. En mi capillita he celebrado la misa en acción de gracias por la dedicación del templo en que ofrece el Santo Sacrificio el Romano Pontífice; y me he cogido fuertemente a su temblorosa mano al consagrar el pan y el vino, descubriéndome gozoso como hijo de una Iglesia universal, católica. Y aquellas preocupaciones, que me parecían todo cuando yo no veía más que mi mundo, se han recogido y han dejado entrar en mi alma a todas las intenciones que pueblan ese corazón como un mapamundi que arde en el pecho del Papa: Jerusalén, América, las misiones, el diálogo ecuménico, los enfermos de sida, los drogadictos, la víctimas del terrorismo y de la guerra y sus verdugos, el progreso humano de las ciencias… Y entonces he descubierto que tengo el corazón muy grande; muy grande y muy desaprovechado.

No quisiera, Madre mía, que estas ventanas se cerraran de nuevo; no quisiera descender de la Cruz, levantada en alto sobre el mundo; no quisiera perder la luz que me obliga a mirar a Roma. Un día me lo enseñaron, y hoy te lo repito a ti, como una súplica: “Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam”.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Sábado de la vigésimo primera semana.

Pan y Vida se fundó para llevar consuelo, alivio, en tantos momentos difíciles que pasamos a diario ayúdenos a seguir http://bit.ly/1uVrtQZ
Sábado de la vigésimo primera semana.
Mateo 25,14-30
“Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco…”
Esta parábola, como la anterior, tienen una misma finalidad y enseñanza: demostrar a los cristianos la urgente necesidad de producir buenas obras, pero añadiendo en esta parábola que esas buenas obras deben ser realizadas proporcionalmente a los dones recibidos, ya que los talentos designan aquí la capacidad de hacer buenas obras.
Justamente el que ha recibido un solo talento es el que no lo hace fructificar; actitud de aquellos que, pretextando su escasa capacidad, no hacen ningún esfuerzo por su mejoramiento espiritual y su adelanto en la virtud.
Lo que Dios te pide ordinariamente es la fidelidad en lo poco; las cosas grandes son aisladas y solamente se presentan en ocasiones; los casos raros, las acciones de reverencia, los actos heroicos no se te piden a diario, sino en muy raras ocasiones.
En cambio todos los días se te presentan las ocasiones en las que debes guardar fidelidad en las cosas más sencillas, en esas cosas que indefectiblemente debes realizar, pero que en Señor espera y te pide que las realices con fidelidad a Él, a su voluntad divina, que las realices en conformidad con el plan que el Señor tiene sobre ti.
Solamente serás bueno, si eres fiel y si eres fiel en esas cosas pequeñas y aun insignificantes; solamente serás bueno cuando seas fiel en todo sin hacer distinción entre si es importante o no lo que haces, ya que no debes guardar fidelidad porque sea o no sea importante, sino que es la voluntad de Dios.
Esa debe ser la única razón de tu fidelidad: la adhesión a la voluntad de Dios.
“Te encargaré de mucho más”, expresa la importancia de la recompensa.
“Al que tiene se le dará y tendrá de más”, expresa la serenidad de la responsabilidad y esto es de elemental justicia; indudablemente tú estás entre esos a quienes Dios les ha dado mucho; en consecuencia, Dios te pedirá cuenta de todo eso que ha depositado en ti.
Dios te constituirá sobre lo mucho; por lo poco que tú le hayas podido ofrecer, Dios hará en ti grandes cosas, como las que hizo en la humildísima Virgencita de Nazaret.
Es Dios maravilloso en la generosidad con responde a los que se le entregan; Él nunca se deja ganar en generosidad y San Pablo dice que nunca “el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente humana pudo pensar aquello que Dios tiene reservado para los que lo aman” (1 Cor 2,9.
“A todo el que tiene se le dará y tendrá de más.”
La gracia de Dios que se derrama en nuestro espíritu no es una gracia estática, sino dinámica; no es posible que desconozcas esa dinámica o es fuerza que tiene la gracia de por sí tiende a su desarrollo, tiende a la actividad, al crecimiento y a la definición de sí misma.
Por eso dice el Señor: “Al que tiene se le dará”, porque al tener la gracia, tiene en sí la potencialidad para aumentar esa gracia y cuanta más gracia tenga, mayor potencialidad se le concede.
Dios es el que santifica, Dios es el que potencia para la santificación, Dios es el que eleva al hombre al plano sobrenatural de la gracia cada vez con mayor generosidad y entrega.
Y el Señor Jesús no solamente dice: “A todo el que tiene se le dará”, sino que también añade: “y tendrá de más”; si lo sobra, podrá dar a los demás y ésa es otra característica de la gracia: impulsa a la transmisión de la misma gracia a cuantos nos rodean; de ahí que si tú vives plenamente la gracia no tardarás en sentir que estás llamado a comunicar la gracia a los demás hijos de Dios; porque la gracia tiene que a semejarse e identificarnos a todos en el Corazón de Dios.
Vivencia:
Pide siempre al Señor la gracia y pídele que le vivas intensidad y en continuo aumento de y pídele que posibilite la transmisión de la gracia a tus prójimos.
También debes pedir continuamente al Señor la fidelidad a Él; Dios tiene sobre ti un plan que se orienta a tu salvación y a tu santificación, un plan que ha sido ideado por el amor de Dios hacia ti y que ha sido insertado en tu vida, para que tu vida se desarrolle en conformidad con ese plan de Dios.
Toma como meta de tus esfuerzos cristianos de cada día el ir siendo cada vez más fiel al Señor; sea ése el ideal de tu vida cristiana; no te arredres; piensa si tú puedes asumir como el lema aquel: “Siempre más y siempre mejor”, refiriéndose a la finalidad que debes al Señor; no tengas ningún reparo en aceptarlo.
Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.
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viernes, 7 de noviembre de 2014

Viernes de la trigésimo primera semana.

Pan y Vida se fundó para llevar consuelo, alivio, en tantos momentos difíciles que pasamos a diario ayúdenos a seguir http://bit.ly/1uVrtQZ
Viernes de la trigésimo primera semana.
Lucas 16,1-8
"Dame cuenta de tu administración."
Siempre resulta desagradable eso de "dar cuenta", de rendir cuentas a alguien de algo que hemos realizado, o que nos ha encomendado.
Pero cuando ese rendir cuentas afecta a toda nuestra vida, cuando debemos exigirnos a nosotros mismos para analizar los distintos aspectos de nuestra vida, fácilmente surgen en nosotros el disgusto y el tedio.
Sin embargo nuestra vida, por más que la denominemos "nuestra", no nos pertenece; hay en esto un engaño; no es nuestra, sino que es de Dios y Dios la ha puesto en nosotros, pero con la obligación de hacer fructificar.
Y como la vida no es nuestra, sino que es de Dios, por eso Dios nos la puede quitar cualquier momento y puede exigirnos que la rindamos cuenta a Él y entonces tendrás que darle cuenta a Dios de cómo ha empleado tus fuerzas físicas, tu salud, tus cualidades, tu tiempo, tu inteligencia, tu voluntad, tu corazón.
Deberás entonces pesar y analizar todos y cada uno de tus pensamientos, de tus deseos, de tus proyectos y de cómo tu vida personal se ha proyectado hacia los demás, porque tu vida no la puedes encerrar dentro de ti mismo, precisamente porque no es tuya, sino de Dios y Dios quiere que la proyectes hacia tu prójimo.
El hombre rico de la parábola es Dios nuestro Señor, Dueño de toda la tierra y de todos los bienes que en ella hay, Dueño del hombre y todos los talentos y cualidades que en él ha puesto; el hombre no es sino el administrador de los bienes de Dios y como tal Dios deberá dar cuenta de la administración que realice durante la vida.
A esta rendición de cuentas puedes ser llamado en cualquier momento de tu vida, quizás cuando menos tú lo pienses, cuando menos te lo imaginas.
Por eso el Señor nos advierte: "Estén preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora menos pensada" (Mt 24,44).
Estén preparados quiere decir tener las cuentas listas para rendir, vivir en gracia y cumpliendo siempre y en todo la voluntad del Señor.
"Los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz."
El cristiano es el hijo de la luz, pero que no siempre se porta como tal, mientras los hijos de las tinieblas, que son los hijos de este mundo, siempre permanecen en su actitud tenebrosa.
Tú eres cristiano y en consecuencia tú eres hijo de la luz, de esa luz de la que habla Jesucristo, cuando afirmó: "Yo soy la luz del mundo".
Mira lo que hacen los hijos de este mundo, para conseguir sus fones y lograr sus ambiciones; a qué molestias y sinsabores no se expone un político por los ideales de su partido; cuánta preocupación agobia al industrial por conservar y aumentar sus bienes; cuántas privaciones tiene que imponerse un deportista, para conservar su estado físico, o una mujer para "guardar la línea"; cómo un marxista se desvive por su idea y sufre persecución por la misma y tantos otros ejemplos como podríamos seguir citando.
Siempre los hijos de este mundo. preocupándose de sus cosas y persiguiendo sus metas.
Pero ¿y los hijos de la luz?
Se observa en ellos un fenómeno difícil de explicar: cuando se trata de conservar o aumentar intereses o bienes materiales, los hijos de la luz se conviertan en astutos, como los hijos de este mundo; pero cuando nos referimos a los bienes de orden espiritual, o a las acciones de la fe y la transmisión del kerigma, ya pierden toda aquella astucia, todo empuje, toda aquella viveza y entrega personal.
Enseguida surgen inconvenientes, las dudas y titubeos, las cobardías y egoísmos que aplastan los entusiasmos y condenan a la esterilidad los más ansiosos proyectos.
De suerte que si tú, hijo de la luz, obraras por tu vida espiritual una cuarta parte de lo que haces por tu vida física y social, por tu estado económico y civil, qué distinto serias y cuánto más hubieras adelantado.
Vivencia:
¡Qué bien saben los mundanos, que son los hijos de este mundo aprovechar su ingenio y su posición para conservar, aumentar y asegurar sus bienes!
En cambio los cristianos, que somos hijos de la luz, qué poco empeño ponemos y de qué pocos medios nos servimos para la consecución de los bienes de nuestro espíritu.
No sea tú así, no te descuides; no hagas servir tu dinero para un regalo desmedido o para la vana ostentación, sino más bien para la beneficencia y la caridad; hay muchas buenas obras que reclaman tu ayuda. Y si no debes ser avaro con tu dinero, tampoco debes serlo con tus cualidades; empléalas para el bien de tu prójimo; al fin y al cabo, para eso te las ha dado Dios.
Fuente: El evangelio meditado por Alfonso Milagro, Editorial Claretiana.
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